"Hace mucho, mucho tiempo, existía una antigua tradición de mujeres que trabajaban con aceites sagrados para el mayor bien de todos.

Estas mujeres se llamaban mirróforas, también conocidas como portadoras de mirra o amantes de los aceites.

Eran sacerdotisas de una orden antigua.

El trabajo de estas mujeres era ungir a las personas que se acercaban a la muerte y preparar el camino para que el alma se elevara.

El aceite sagrado realinearía a las personas con su verdad, con la esencia de su alma y las llevaría al otro lado.

La mirrófora mantendría una vigilia, generalmente tres días, mientras rezaba y pronunciaba la intención del aceite.

La combinación de sus palabras y del perfume curaba las heridas en el alma causadas por eventos no solo en esta vida sino también del pasado.
 
Esta tradición con la Mirra tiene sus raíces terrenales en los antiguos templos de Egipto, y algunos practicantes la mantienen viva.

(... )El aceite y la Suma Sacerdotisa eran la puerta de entrada al templo interior.

María Magdalena era una mirrófora, igual que Isis, Cleopatra..Hatsheput,  muchos nombres y una sola tradición.

Una mirrófora no solo trabaja con la enfermedad en el espíritu y el alma, sino también con la falta de armonía dentro del entorno.

Sintoniza la sutil discordancia y reconoce el desequilibrio y la inquietud. Se vuelve a los aceites y en su expresión mas pura de lo Divino, se ofrece como puente, trayendo el don de la integridad y la curación.

En las iglesias ortodoxas orientales y católicas griegas, el segundo domingo después de Pascua, se llama el domingo de los Portadores de Mirra.

Está claro que durante el tiempo de Cristo, ser una mirrófora era una posición muy apreciada y honorable, tanto que María Magdalena, que era una Maestra de los Aceites Sagrados, fue quien pudo ver y hablar con el Cristo resucitado.

También entendemos que María Magdalena realizó una vigilia fuera de la tumba durante tres días y dos noches.

¿Se quedó allí sentada asegurándose de que nadie entrara en la tumba?
¿O se sentó allí pronunciando la intención del aceite, diciendo las palabras que unen los mundos, tejiendo un reino para contribuir de alguna manera con Jesús?"




Anaiya Sophia es una Mirrófora (Maestra de los Aceites Sagrados), mística y autora de  sabiduría transmisiva.
Ella lleva un misterio oral que remueve el recuerdo de un linaje continuo con el Principio Femenino que a lo largo de los siglos ha preservado su dignidad espiritual, sin la necesidad de permiso o reconocimiento de ninguna otra fuente.


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